martes, 24 de marzo de 2015

ORACIÓN PARA TODOS LOS HISPANOHABLANTES

Me acaban de remitir un artículo de Anotaciones de Pensamiento y Crítica del que quiero hacerme eco, especialmente en estos tiempos de amnesia histórica y cultural selectiva.


Vengo de un viaje a San Millán de la Cogolla, cuna del español [*] [**] .
Quiero recuperar una propuesta que en tiempos lanzó el P. Abad (de apellido).

La primeras palabras escritas en español son las siguientes:

"Con la ayuda de Nuestro Dueño Dueño Cristo, Dueño Salvador el cual Dueño está en la gloria y Dueño que tiene el mando con el Padre, con el Espiritu Santo en los siglos de los siglos.
Háganos Dios omnipotente hacer tal servicio que delante de su faz gozosos seamos. Amén"

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CÓDICE EMILIANENSE 60, PÁG. 72 donde aparece el citado texto (la glosa es la anotación en el lateral derecho)

 
El primer escrito en español debía pasar al devocionario de todo hispano hablante, de los cientos de millones de habitantes del mundo que hoy se expresan en la lengua que nació con palabras de servicio a Dios en la tierra y de esperanza gozosa en el Cielo.
Por eso el P. Abad nos propone que oremos con ellas.

Siempre ha sido sagrado el primer escrito conservado y conocido en cada uno de los idiomas.


  • El primer escrito en francés [***] es del año 842 y se trata de un documento político, las capitulaciones llamadas de Estrasburgo: una alianza ofensiva y defensiva entre Carlos el Calvo y Luis el Germánico, nietos ambos de Carlomagno.
  • El primer escrito en italiano [****] es del año 960 y se trata de un documento jurídico, firmado en Capua, para reivindicar unas tierras a favor del monasterio de Montecasino.
  • El primer escrito en español es aproximadamente del año 975, final del siglo X, y se trata de una afirmación de fe en el misterio de la Santísima Trinidad y de una oración dirigida a Dios.
Insistamos un momento en el dato, acudiendo a la socorrida comparación de los tres países, francés, italiano y español, plenamente justificados en este caso.



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En 842 el rey de los francos orientales Luis el Germánico (hoy Alemania) y el de los occidentales Carlos el Calvo (hoy Francia), pronunciaron ante sus respectivos ejércitos el juramento de Estrasburgo



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Placito Capuano



El documento francés es politico, el italiano administrativo, el español religioso.
Dámaso Alonso, en su momento Presidente de la Real Academia de la lengua, comentó así el dato:

"No puede ser azar, no [*****] . O, si acaso lo es, dejadme esta emoción que me llena al pensar que las primeras palabras enhebradas en sentido, que puedo leer en mi lengua española, sean una oración temblorosa y humilde. 
El César bien dijo que el español era lengua para hablar con Dios. El primer vagido del español es extraordinario entre sus lenguas hermanas. No se dirige a la tierra: con Dios habla, y no con los hombres".


De las cuarenta y tres palabras del primer texto escrito en castellano es preciso destacar las catorce últimas.
Las ventinueve anteriores, es decir, la profesión de fe en el misterio de la Santísima Trinidad, son una tradución del texto latino de al lado, aunque se trate de una tradución libre y ampliada.
Las catorce siguientes son una oración totalmente original.
Podemos decir que el monje anónimo de San Millán es, en el primer caso glosador, y en el segundo verdadero y legítimo autor.
Autor original de catorce palabras, de apenas dos líneas. Pero a un autor no se le mide por la cantidad, sino por la calidad.
Y la oración que plasmó el monje riojano creemos que es de una calidad y de una fuerza insuperable.
"Háganos Dios omnipotente hacer tal servicio que delante de su faz gozosos seamos. Amen"
Monasterio de San Millán de Suso, donde nace el español 

¿No debíamos los de habla española aprender de memoria y repetir con frecuencia esta oración, que son a la vez las primeras palabras del idioma castellano?.
También la Salve es de autor español, pero fue redactada originalmente en latín.
La breve oración del anónimo monje riojano del siglo X es totalmente española y se ajusta, pensamos, como anillo al dedo, al estilo y al talante del espíritu religioso del idioma español.
Santa Teresa de Jesús y San Ignacio de Loyola concebían el cristianismo como "un servicio" casi castrense, como una lucha en campo de batalla. El fundador de la "Compañía", nombre tomado de la milicia terrena, velaba sus armas ante la Virgen de Monserrat antes de emprender su servicio y su aventura hacia Dios; y el Duque de Gandía, posteriormente San Francisco de Borja, juraba ante el cadaver de la emperatriz, empuñando la espada, "no más servir a señor que se me pueda morir".
El monje de San Millán junta la bravura española del "servicio" con la humildad cristiana de la "súplica" y con la aspiración esperanzada de la recompensa, que también es muy español y muy cristiano.
Y todo en catorce palabras, en un suspiro.
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[*] El primer testimonio recogido de un texto escrito en español primitivo aparece en el Monasterio de San Millán de la Cogolla, en territorio del Reino de Pamplona Nájera, a 15 kilómetros de esta última población
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[**] Una cuestión que es prueba de la españolidad de otras lenguas, que ahora se quieren emplear como elementos de división, es que en este mismo Códice en que aparece el primer escrito en español, aunque en otras páginas, se recogen también dos anotaciones, hechas por el mismo monje, en vascuence.
Se trata del más antiguo testimonio escrito conservado de dicha lengua.

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En vasco aparecen dos glosas: la glosa 31 y la glosa 42 que dicen:
Izioqui dugu
guez ajutu ez dugu
"izioqui dugu" = "isiotu (piztu) dugu"/"adorez eskatu dugu" / "salbatuak izan gara".
"guec ajutu ezdugu" = "ez dugu laguntzarik" / "ez gara ausartzen".
Cuya traducción sería:
Hemos sido puestos a cobijo,
hemos sido salvados  a nosotros no se nos ha dado ayuda

[***] Los Juramentos de Estrasburgo (Sacramenta Argentariae) son unos juramentos de ayuda mutua prestados el 14 de febrero de 842 entre dos de los nietos de Carlomagno, Carlos el Calvo y Luis el Germánico, contra su hermano Lotario, donde se encuentra el primer testimonio de una lengua romance hablada en Francia, ya claramente distinta del latín, que marcan el nacimiento de la lengua francesa.

Los Juramentos de Estrasburgo fueron declarados y redactados en este protofrancés y en teudisca lingua, (lengua germánica), por cada uno de los dos monarcas en la lengua del otro, y después por sus tropas, de modo que todo el mundo pudiese comprenderlo.
Fueron transcritos por Nitardo, otro nieto de Carlomagno
Escrito en protofrancés, claramente distinta del latín, pero sin muchos de los rasgos que distinguen al francés de los primeros textos literarios.
Pronunciado por Luis el Germánico.
Pro deo amur et pro christian poblo et nostro commun salvament, d´ist di in avant, in quant deus savir et podir me dunat, si salvarai eo cist meon fradre Karlo et in aiudha et in cadhuna cosa, si cum om per dreit son fradra salvar dist, in o quid il mi altresi fazet, et ab Ludher nul plaid nunquam prindrai, qui meon vol cist meon fradre Karle in damno sit

Traducción al español del texto en romana lingua
Por el amor de Dios y por el pueblo cristiano, y por nuestro bien común, a partir de ahora, mientras Dios me dé sabiduría y poder, socorreré a este mi hermano Carlos con mi ayuda y cualquier otra cosa, como se debe socorrer a un hermano, según es justo, a condición de que él haga lo mismo por mí, y no tendré nunca acuerdo alguno con Lothario que, por mi voluntad, pueda ser perjudicial para mi hermano Carlos.
[****] El Placito Capuano, que se remonta a 960 A. D. comúnmente se considera el nacimiento del italiano vulgar.
Es parte de un grupo de registros de las actuaciones producidas entre 960 y 963 relativas a la controversia relacionada con la posesión de ciertas tierras, incluyendo la abadía benedictina de Monte Cassino y el propietario Rodelgrimo de Aquino.

Lo que hace este documento particular es la intención con que se utiliza la lengua vernácula.
El testimonio en favor de los benedictinos, de hecho, no se registra en latín vulgar o contiene errores con respecto a la norma, sino que es una  lengua autónoma, un lenguaje nuevo y propio, que por primera vez tiene la dignidad necesaria para aparecer en un documento.


Esto es lo que la parte escrita en la lengua vernácula en el texto latino:
« Sao ko kelle terre, per kelle fini que ki contene, trenta anni le possette parte sancti Benedicti. »
(Capua, marzo 960)
« So che quelle terre, entro quei confini che qui si descrivono, trnt’anni le ha tenute in possesso l’amministrazione patrimoniale di San Benedetto »
[*****] Igual que no puede ser azar, no  que, a diferencia de la primera película de cine francés fue la salida de la fábrica Renault, la primera película del cine español fue la salida de Misa de doce, de la Basílica del Pilar
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